Kalimpong, hasta 1962

Kalimpong, donde terminaba la ruta de la lana del Tíbet

Hasta 1962, las caravanas de mulas bajaban desde Lhasa por el paso de Jelep La, a 4390 m. El comercio terminó, pero dejó huellas que todavía se pueden recorrer a pie.

Foto: Ayush Paul / Pexels

Primera pista

Pedid la milla, no la calle

El pueblo sigue contando a lo largo de la vieja carretera que sube de la llanura. Decidle al conductor 8th Mile o 10th Mile y sabrá adónde vais; con el nombre de una calle quizá deis vueltas. Primero la milla, luego la tienda.

Foto: Boudhayan Bardhan / Unsplash

Lo que viajaba

Lana de yak hacia abajo, relojes hacia arriba

Las mulas bajaban fardos de lana de yak y volvían hacia Lhasa con relojes y plumas estilográficas. La lana se guardaba en almacenes del pueblo y seguía hasta Calcuta, rumbo a Inglaterra.

Foto: Dhruvin Pandya / Unsplash

Un cruce de caminos

Comerciantes, agentes y espías

Pasaba tanta gente que, según se cuenta, Nehru comentó que la mayoría de Kalimpong eran espías extranjeros. El pueblo se había convertido en el puerto del Tíbet.

Foto: Mosharraf Hossain / Unsplash

Upper Cart Road

La casa del agente comercial, hoy hotel

David Macdonald, agente comercial británico en el Tíbet durante veinte años, convirtió su casa familiar en un hotel para viajeros que iban al Tíbet y al Everest. Hoy es el MAYFAIR Himalayan Spa Resort, y las Heritage Rooms de la casa antigua conservan la chimenea.

Foto: Andrew Lamb

1925-1963

Un periódico tibetano impreso en la loma

Gergan Dorje Tharchin imprimió aquí el Tibet Mirror, un periódico en tibetano que se leía en Lhasa. El decimotercer Dalái Lama le escribió para animarle y acabó siendo lector.

Foto: Unsplash

La carretera hacia el este

Dónde contar esta historia

La vieja ruta sigue hacia el este por Algarah y Pedong hasta Rongli y Zuluk, pero el permiso de Zuluk solo se concede a ciudadanos indios. Con pasaporte español, esta historia se escucha mejor en el propio Kalimpong, en dos o tres noches.

Foto: Dhruvin Pandya / Unsplash